La Comisaría Gral. de Información tras el chivatazo a ETA
Viernes, 28 de julio de 2006(ABC) El teléfono móvil desde el que Joseba Imanol Elosúa recibió el chivatazo de que era seguido por su presunta pertenencia a una red de extosión de ETA pertenece a la Comisaría General de Información de la Policía. Así lo indica la investigación elaborada por la Guardia Civil, cuerpo al que el juez Fernando Grande-Marlaska ordenó en su día aclarar este asunto al tener conocimiento de una conversación intervenida a Elosúa en la que éste revelaba haber recibido un soplo y que la persona que se lo dio -un «txakurra», término que en el mundo etarra se utiliza para referirse a un policía- lo vinculó con el proceso de negociación con ETA -«para no fastidiar el proceso», le dijo el aún anónimo comunicante-.
La Audiencia Nacional -ahora el caso está en manos de Baltasar Garzón- ha seguido dos actuaciones para el esclarecimiento de este grave asunto, que aún no está cerrado. Una de ellas, adoptada por el actual titular del Juzgado de Instrucción número 5, consistió en un reconocimiento fotográfico a un centenar de agentes adscritos a la Comisaría General de Información y a otras unidades antiterroristas del País Vasco. En el Juzgado se le mostró a Elosúa las fotos de esos agentes antiterroristas, pero el ahora encarcelado no reconoció a ninguno como la persona que el pasado 4 de mayo se le aproximó en Irún y le entregó un teléfono móvil para hablar con alguien que le iba a alertar de que estaba siendo investigado por forma parte de una red de extorsión de la banda ETA. A esta prueba de reconocimiento también fueron sometidos la mujer y un hijo de Elosúa, que tampoco identificaron a ninguno de los policías.
Grabación en el coche
El chivatazo no se produjo un día cualquiera, ya que el 4 de mayo de 2006 era la fecha prevista por el juez Fernando Grande-Marlaska -hay que precisar que nombró un equipo específico de investigadores y apartó del caso al comisario general de Información- para desarrollar la operación contra la red de extorsión con bases en España y Francia y que, por el soplo, quedó aplazada hasta el 20 de junio.
Fue también el día 4 de mayo cuando la Policía, que había instalado un sistemas de audio en el coche de Elosúa, grabó la conversación que éste mantuvo con su yerno, Carmelo Luquín, sobre cómo había sucedido el chivatazo. El propietario del bar «Faisán» dijo al marido de su hija que esa misma mañana un individuo le había abordado en la calle para preguntarle si era Elosúa. Tras responderle afirmativamente, el desconocido le dijo que un «compañero» suyo -lo que le hizo dudar de si se trataba de un «madero» o de un «marica»- quería hablar con él.
Al otro lado de la línea telefónica, Elosúa -según su propio relato- escuchó la voz de un hombre que, además de advertirle de que era seguido por la Policía, le pidió que no comentara con nadie el contenido de la conversación que estaban manteniendo. El desconocido también recordó a Elosúa «la situación política actual» y le llegó a decir: «…para no fastidiar el proceso», por lo que en diferentes medios consultados por ABC se interpreta que el aviso al miembro de la red de extorsión tenía la finalidad de evitar que las futuras detenciones constituyeran un obstáculo en el proceso de negociación abierto por Zapatero y más aún cuando la izquierda abertzale, de forma permanente, reprocha al Ejecutivo «las medidas represivas» y le advierte de que con ellas no puede haber «avances».
Lo contó todo
Está claro que Elosúa no guardó el silencio que le pidió su interlocutor, que también le aconsejó que si se desplazaba a Francia llevara «botellas de vino de verdad» -ésta era la clave que la red de extorsión utilizaba para referise a los pagos del impuesto revolucionario- para si era detenido poder demostrar que, como decía en sus conversaciones, su única intención era llevar las botellas de vino .
Todos estos datos «específicos y sensibles» -están recogidos en la conversación intervenida en el coche de Elosúa- llevaron al juez Fernando Grande-Marlaska a considerar que la persona que se los facilitó a Elosua estaba «cercana a la causa», es decir, a la investigación abierta contra la red de extorsión luego desmantelada. Por ello decidió abrir una pieza separada sobre este específico asunto al margen de la ya existente sobre la banda. En el curso de esa investigación se inscribe el reconocimiento fotográfico al que el juez Garzón sometió a Elosua, así como a la mujer y un hijo de éste, y el informe que el magistrado Fernando Grande Marlaska órdenó a la Guardia Civil para averiguar la autoría del chivatazo.
Las investigaciones de la Benémerita se han centrado en analizar las llamadas que, con telefóno móvil, se realizaron el pasado 4 de mayo por la mañana en las proximidades del domicilio de Joseba Imanol Elosúa en Irún. El resultado de la investigación, que ya se encuentra en la Audiencia Nacional, concluye que el teléfono desde que el presunto etarra recibió el soplo pertenece a la Comisaría General de Información. Ahora queda por averiguar quién o quiénes utilizaron ese celular en la mañana del pasado 4 de mayo. Si trascendente para la investigación es identificar a la persona que le dio el móvil a Elosúa, lo es más averiguar quién estaba al otro lado de la línea para darle el chivatazo. Evitar contaminaciones
El que el juez Grande-Marlaska encargara la investigación a la Guardia Civil no es un hecho aislado. Con relativa frecuencia, se suele encomendar las indagaciones sobre un caso que afecta a uno de los dos Cuerpos de Seguridad al otro para evitar contaminaciones. No obstante, las fuentes consultadas han manifestado que es la propia Policía la más interesada en despejar todas las incógnitas que rodean este asunto, para que no haya ninguna sombra de duda sobre su actuación.
A bote pronto, hay un dato significativo. En el detalle de las investigaciones, por orden del propio instructor, sólo estaba un pequeño grupo de agentes de la Comisaría General de Información, entre los que por cierto no se encontraba su máximo responsable. Además, el propio desarrollo de los acontecimientos apunta a que la persona que hizo la llamada estaba ese día en el País Vasco y no es improbable que estuviera a poca distancia de Elosua. En cualquier caso, hay otra evidencia: además del teléfono móvil de la Comisaría General de Información tiene que estar necesariamente identificado otro celular del que, sin embargo, no ha trascendido detalles sobre quién es su titular.Y en ambos casos se puede saber el punto geográfico en el que estaban sus usuarios.
